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Se tapa la boca y mira a su madre con gesto lastimoso mientras ésta, convencida de sus efectos beneficiosos, por muy desagradable que sea su sabor, se dispone a darle una cucharadita del medicamento. Seguramente, no es la primera vez que el pobre niño se ha visto obligado a vencer las náuseas e ingerir el aceite de ricino.

Así nos lo muestra en este precioso cuadro, a finales del siglo XIX, el pintor y profesor de la Universidad de Illinois Newton Alonzo Wells.

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La obra corresponde al pintor holandés Jan Havicksz Steen nacido en la ciudad de Leiden. Sus obras muestran  escenas cotidianas y a menudo familiares, con una fuerte carga moralista propia de anteriores pintores holandeses. Entre sus obras, destacan una serie de siete cuadros relacionados con la visita del médico al domicilio de sus pacientes.

En este cuadro particular, se puede observar como un doctor toma el pulso de su paciente mientras analiza la orina de la mujer, sostenida en una botella de cristal por una asistente.

Un niño juega y un hombre se encuentra en otra habitación absorto en sus asuntos, ambos ajenos a lo que sucede en la sala. El único pendiente parece ser el perro que no abandona su fiel compañía, con su mirada atenta esperando el veredicto del ilustrado.

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Por encargo del gremio de cirujanos de Amsterdam, Rembrandt retrató al Doctor Nicolaes Tulp en una lección de anatomía junto con algunos de sus estudiantes y otros cirujanos profesionales. Rembrandt pintó al doctor Tulp diseccionando un cuerpo humano durante una clase práctica.

Las disecciones representaban solemnes acontecimientos sociales que se celebraban en teatros o auditorios a los que acudían estudiantes, colegas y el público en general a cambio del pago de una entrada, como si fuera una obra de teatro. 

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Moisés ben Maimóm fue un médico, rabino, filósofo, astrónomo, escritor y teólogo nacido en Córdoba (España) en el año 1135. Llamado Maimónides desde el Renacimiento, su fidelidad a los principios éticos y la prudencia con la que ejercía su oficio reflejados en su trabajo “La Plegaria del Médico” se mantienen vigentes en la actualidad.

 

Oh Dios, llena mi alma de amor por mi arte y por todas las criaturas.

 

Que no admita que la sed de ganancia y el afán de gloria me influencien en el ejercicio de mi arte, porque los enemigos de la verdad y del amor de los hombres podrían fácilmente hacerme abusar y apartarme de hacer bien a tus hijos.

 

Sostén la fuerza de mi corazón para que esté siempre pronto a servir al pobre y al rico, al amigo y al enemigo, al bueno y al malo.

 

Haz que no vea en el hombre más que al que sufre.

 

Que mi espíritu se mantenga claro en el lecho del enfermo, que no se distraiga por cualquier pensamiento extraño, para que tenga presente todo lo que la experiencia y la ciencia le enseñaron; porque grandes y sublimes son los progresos de la ciencia que tienen como finalidad conservar la salud y la vida de todas las criaturas.

 

Haz que mis pacientes tengan confianza en mí y en mi arte y que sigan mis consejos y prescripciones.

 

Aleja del lecho de mis pacientes a los charlatanes, al ejército de parientes que dan mil consejos y a aquéllos que saben siempre todo; porque es una injerencia peligrosa que, por vanidad, hace malograr las mejores intenciones y lleva muchas veces a la muerte.

 

Si los ignorantes me censuran y escarnecen, otórgarne que el amor de mi arte, como una coraza, me torne invulnerable, para que pueda perseverar en la verdad sin atender al prestigio, al renombre y a la edad de mis detractores. Otórgame, Dios mío, la indulgencia y la paciencia necesaria al lado de los pacientes apasionados o groseros.

 

Haz que sea moderado en todo, pero insaciable en mi amor por la ciencia. Aparta de mí la idea de que lo puedo todo.

 

Dame la fuerza, la voluntad y la ocasión para ampliar cada vez más mis conocimientos.

 

Que pueda hoy descubrir en mi saber cosas que ayer no sospechaba, porque el arte es grande, pero el espíritu del hombre puede avanzar siempre más adelante.

 

 

 

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